Ello aderezado con la delicada amabilidad de quienes atienden a los aiduos visitanes poco usual en los locales nocturnos citadinos.

      Cada noche, cada madrugada se desborda en las instalaciones del recinto que siempre está pregonando sonidos que nos reconfortan y alivian el espíritu.

      Ave rara, podría decirse, en una Caracas abrumada por tantos sonidos simples y vacíos. Productos burdamente comerciales que constantemente estallan bruscamente en nuestros oídos. Y para constatar los comentarios anteriores, sólo haga un paseo por la Urbanización Las Mercedes, un día jueves en la noche o camine por Sabana Grande; allí  podrá constatar la tendencia